- ¿Por qué? + ¿Y por qué no?

martes, 26 de noviembre de 2013

http://www.youtube.com/watch?v=Soa3gO7tL-c

Es un día cualquiera, soleado, como la mayoría en Almería, camino del instituto. Sonando en los auriculares mi canción favorita (“I walk this empty street, on the boulevard of broken dreams...”). Para que se haga más ameno, me pongo a pensar en mis cosas… He hecho la tarea, tengo examen de historia el jueves, tengo que contarle lo que me pasó ayer a María del Mar, que va a flipar… Cojo el móvil para mirar un rato el Twitter o jugar a algo, pero no está en mi bolsillo… De repente me doy cuenta, ¿yo no iba escuchando música? Bah, serán imaginaciones mias… Con eso de distraerme, casi sin haberme enterado he llegado por fin a casa de mi abuela. Me quito los patines, subo, toco al timbre, dos besos, qué tal estás, etc. Miro el reloj y veo lo tarde que se me ha hecho: es la 1 de la noche, ¿cómo he podido tardar tanto en llegar? Aunque no me he podido quedar a penas, me voy corriendo a casa. Decido ir en autobús porque el último pasa a las 10 de la noche y me da tiempo. Lo cojo en La Salle y llego a mi casa, una vez en mi salón me alegra ver que he llegado a tiempo para comer viendo Los Simpsons, uno de esos pequeños placeres que alegran el día.

Entro al salón y ahí está mi madre, sentada, leyendo algún libro. Levanta la mirada para hablarme y… “Mamá, ¿tienes los ojos en blanco?” Le pregunto. Como si no le hubiese dicho nada, se levanta y me pregunta: “¿Dónde estás?”. Qué significa todo esto, ¿a qué se refiere con que dónde estoy?, “Estamos en casa, mamá”, le digo. De repente todo pasa muy deprisa, se acerca a mí, me tira al suelo y me agarra el cuello entre las manos: “te quedan dos”, me dice y me suelta. Salgo corriendo sin mirar atrás, ¿qué cojones acaba de pasar? ¿Voy a la policía? Claramente no puedo volver a mi casa. Me limito a salir a la calle y a andar, necesito aclarar un poco las ideas y relajarme, parece que el corazón se me vaya a salir del pecho.

Decido parar en una tienda a comprar agua, estoy tan asustada que me va a dar algo. Al salir, decido dirigirme al parque del Retiro. No me gusta el ambiente de Madrid, aunque es una ciudad muy bonita, tiene demasiada gente. Cuando ya he llegado, dejo mi bici enganchada en la primera farola que encuentro y me voy a sentarme en algún banco. Levanto la vista y veo que no hay nadie a mi alrededor, estoy completamente sola, “supongo que es porque hace mucho frío”, pienso, aunque ¿por qué voy en pantalón corto? En fin, yo y mi cabeza. A lo lejos veo acercarse a mi hermana, que viene con Molosse, su perro, un border collie muy cariñoso. Me levanto para saludarla cuando, sin saber cómo, me la encuentro justo en frente mía mirándome con la misma mirada perdida que tenía mi madre hace un rato, “¿dónde estás?”, me pregunta ella también. Esto es muy raro, pienso, ¿mi madre no me hizo esa misma pregunta hace un rato pero en Almería? ¿Cómo he llegado hasta Madrid? ¿Y por qué está mi hermana en Madrid si ella vive en Granada? “Aunque no sé cómo, estamos en Madrid”, le respondo. De repente me encuentro tirada en el suelo con el perro encima presionándome, gruñendo como si fuese su enemigo. “Solo te queda una”, me dice y, al igual que antes, me suelta y me deja escapar corriendo.

¿Qué me está pasando? ¿Me estoy volviendo loca? ¿Cómo es posible que viaje tales distancias en cuestión de minutos? ¿Por qué ha dejado de hacer frío? ¿Cómo me he cambiado de ropa? ¿Y cómo he vuelto a mi habitación sin darme cuenta siquiera? Me tumbo en mi cama y empiezo a pensar: cambios de hora, ahora tengo un objeto, ahora no lo tengo, igual estoy en Almería que en Madrid… Nada tiene sentido, ¿qué me pasa? Escucho un ruido y me incorporo, “¿quién está ahí?”, pregunto. En ese momento entra a mi habitación algo que no había visto jamás, tan extraño que no hay manera posible de describirlo. Mirándome fijamente con lo que supongo que son sus ojos, me dice “Por tercera y última vez, ¿dónde estás?” Miro a mi alrededor, todo se ha vuelto oscuro, estamos en mitad de la nada, ni siquiera estoy pisando el suelo, ¿cómo le digo dónde estamos si no lo sé? Estoy tardando mucho en contestar, algo va a pasar pero ¿qué le digo? ¿Acaso he muerto? Cuando me vengo a dar cuenta se está acercando a mí cada vez más deprisa, me va a matar, ¿qué hago? “¡NO SÉ DÓNDE ESTAMOS, JODER! ¡DEJADME TRANQUILA! ¡ESTE SOLO ERA UN DÍA NORMAL, NO DEBERÍA ESTAR PASÁNDOME ESTO! ¡UN SIMPLE DÍA DE INSTITUTO EN EL QUE TE DESPIERTAS...Un momento… ¿Me desperté?


De repente abro los ojos y me incorporo de mi cama deprisa, estoy en mi habitación, está sonando la alarma, entra mi madre “Elena, son las 7 y media, despierta ya”. Suspiro. “En un sueño, estaba en un sueño”.


~Monete

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