Es un día cualquiera, soleado,
como la mayoría en Almería, camino del instituto. Sonando en los auriculares mi canción favorita
(“I walk this empty street, on the
boulevard of broken dreams...”). Para que se haga más ameno, me
pongo a pensar en mis cosas… He hecho la tarea, tengo examen de historia el
jueves, tengo que contarle lo que me pasó ayer a María del Mar, que va a flipar…
Cojo el móvil para mirar un rato el Twitter o jugar a algo, pero no está en mi
bolsillo… De repente me doy cuenta, ¿yo no iba escuchando música? Bah, serán
imaginaciones mias… Con eso de distraerme, casi sin haberme enterado he llegado
por fin a casa de mi abuela. Me quito los patines, subo, toco al timbre, dos
besos, qué tal estás, etc. Miro el reloj y veo lo tarde que se me ha hecho: es
la 1 de la noche, ¿cómo he podido tardar tanto en llegar? Aunque no me he podido
quedar a penas, me voy corriendo a casa. Decido ir en autobús porque el último
pasa a las 10 de la noche y me da tiempo. Lo cojo en La Salle y llego a mi
casa, una vez en mi salón me alegra ver que he llegado a tiempo para comer
viendo Los Simpsons, uno de esos pequeños placeres que alegran el día.
Entro al salón y ahí está mi
madre, sentada, leyendo algún libro. Levanta la mirada para hablarme y… “Mamá,
¿tienes los ojos en blanco?” Le pregunto. Como si no le hubiese dicho nada, se
levanta y me pregunta: “¿Dónde estás?”. Qué significa todo esto, ¿a qué se
refiere con que dónde estoy?, “Estamos en casa, mamá”, le digo. De repente todo
pasa muy deprisa, se acerca a mí, me tira al suelo y me agarra el cuello entre
las manos: “te quedan dos”, me dice y me suelta. Salgo corriendo sin mirar
atrás, ¿qué cojones acaba de pasar? ¿Voy a la policía? Claramente no puedo
volver a mi casa. Me limito a salir a la calle y a andar, necesito aclarar un
poco las ideas y relajarme, parece que el corazón se me vaya a salir del pecho.
Decido parar en una tienda a
comprar agua, estoy tan asustada que me va a dar algo. Al salir, decido
dirigirme al parque del Retiro. No me gusta el ambiente de Madrid, aunque es
una ciudad muy bonita, tiene demasiada gente. Cuando ya he llegado, dejo mi
bici enganchada en la primera farola que encuentro y me voy a sentarme en algún
banco. Levanto la vista y veo que no hay nadie a mi alrededor, estoy
completamente sola, “supongo que es porque hace mucho frío”, pienso, aunque
¿por qué voy en pantalón corto? En fin, yo y mi cabeza. A lo lejos veo
acercarse a mi hermana, que viene con Molosse, su perro, un border collie muy
cariñoso. Me levanto para saludarla cuando, sin saber cómo, me la encuentro
justo en frente mía mirándome con la misma mirada perdida que tenía mi madre
hace un rato, “¿dónde estás?”, me pregunta ella también. Esto es muy raro,
pienso, ¿mi madre no me hizo esa misma pregunta hace un rato pero en Almería?
¿Cómo he llegado hasta Madrid? ¿Y por qué está mi hermana en Madrid si ella
vive en Granada? “Aunque no sé cómo, estamos en Madrid”, le respondo. De repente
me encuentro tirada en el suelo con el perro encima presionándome, gruñendo
como si fuese su enemigo. “Solo te queda una”, me dice y, al igual que antes,
me suelta y me deja escapar corriendo.
¿Qué me está pasando? ¿Me estoy
volviendo loca? ¿Cómo es posible que viaje tales distancias en cuestión de
minutos? ¿Por qué ha dejado de hacer frío? ¿Cómo me he cambiado de ropa? ¿Y
cómo he vuelto a mi habitación sin darme cuenta siquiera? Me tumbo en mi cama y
empiezo a pensar: cambios de hora, ahora tengo un objeto, ahora no lo tengo,
igual estoy en Almería que en Madrid… Nada tiene sentido, ¿qué me pasa? Escucho
un ruido y me incorporo, “¿quién está ahí?”, pregunto. En ese momento entra a
mi habitación algo que no había visto jamás, tan extraño que no hay manera
posible de describirlo. Mirándome fijamente con lo que supongo que son sus ojos,
me dice “Por tercera y última vez, ¿dónde estás?” Miro a mi alrededor, todo se
ha vuelto oscuro, estamos en mitad de la nada, ni siquiera estoy pisando el
suelo, ¿cómo le digo dónde estamos si no lo sé? Estoy tardando mucho en
contestar, algo va a pasar pero ¿qué le digo? ¿Acaso he muerto? Cuando me vengo
a dar cuenta se está acercando a mí cada vez más deprisa, me va a matar, ¿qué
hago? “¡NO SÉ DÓNDE ESTAMOS, JODER! ¡DEJADME TRANQUILA! ¡ESTE SOLO ERA UN DÍA
NORMAL, NO DEBERÍA ESTAR PASÁNDOME ESTO! ¡UN SIMPLE DÍA DE INSTITUTO EN EL QUE
TE DESPIERTAS...Un momento… ¿Me desperté?
De repente abro los ojos y me
incorporo de mi cama deprisa, estoy en mi habitación, está sonando la alarma,
entra mi madre “Elena, son las 7 y media, despierta ya”. Suspiro. “En un sueño,
estaba en un sueño”.
~Monete
~Monete